martes, 23 de septiembre de 2014

Forastera de Diana Gabaldon


La Segunda Guerra Mundial ha finalizado y el joven matrimonio formado por Frank y Claire Randall, que se casó al inicio de la Guerra y que ha pasado gran parte de la misma separado, deciden tomarse unas vacaciones en Inverness, Escocia.  En una de sus excursiones, cuando Claire pasea por las ruinas de un monumento megalítico y sin saber como, es transportada a otro tiempo y otro lugar, en concreto, a la Escocia de 1.734. Allí tendrá que adaptarse a la primitiva forma de vida de los clanes escoceses en un periodo convulso de intrigas y traiciones, mientras lucha por regresar a su época.





Diana Gabaldon (Arizona, 1.952) es una escritora norteaméricana que debutó en el mundo literario con esta historia que hasta el momento ya ha generado varias secuelas. Su popularidad ha hecho incluso que recientemente se haya estrenado, también con gran éxito, una serie de televisión basada en el primero de los libros de la saga, el que aquí nos ocupa.


Imagen Promocional de la serie Outlander (2.014)
Fue precisamente su adaptación a la pequeña pantalla, la que me animó a leer este libro cuya legión de fans es tan enorme. Pero, a pesar de sus indudables méritos, Forastera, quizá por mis altas expectativas, no ha sido el libro que yo esperaba.

 Comenzando por lo que más me ha gustado del libro, resulta todo un acierto que la protagonista sea una persona marcada por la Segunda Guerra Mundial, en la que se implicó como enfermera. Ello explica muchos de sus comportamientos y sus relaciones con Frank, el profesor de historia con el que está casada. También es de agradecer que los dos personajes principales, Claire y Jamie, no se enamoren a primera vista porque gracias a ello vamos conociendo, aunque sea de forma parcial, a otros interesantes personajes como Colum y Dougal McKenzie los jefes del clan escocés con el que Claire tiene que convivir. Por último, Diana Gabaldon explica de forma correcta el mundo de supersticiones y fervor religioso de la época.


Sin embargo, en mi caso, los aspectos negativos sobrepasan a los positivos y ello, por una razón fundamental, es una novela que, para mi gusto, carece de alma. La calificaría como una narración fría, en la que los acontecimientos se suceden de forma rápida pero sin que lleguemos a conocer en profundidad ni la situación histórica ni los personajes, en especial, a los secundarios que rodean a Claire y a Jamie, cuya personalidad apenas esbozamos. En este sentido su estilo me recuerda un poco a Ken Follet, un autor que nos sobrecarga de datos, pero que a mi no logra transmitirme nada.

De todas formas, veré la serie de televisión con la esperanza de que, al contemplar la historia encarnada por seres de carne y hueso, pueda llegarme la sensibilidad y la pasión que yo no he encontrado en las páginas del libro.